"Roma está llena de leyendas que lo único que pretenden es engrandecer aún más su historia. Es como si la vieja ciudad dudara de su belleza, y hubiera encontrado en el pábulo un alimento para sobrevivir, un método de rejuvenecimiento" Emilio Calderón
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domingo, 6 de noviembre de 2011

¡QUÉ ENVIDIA ME DA EL ALCALDE DE ROMA!

El tabularium visto desde el Foro (marzo 2011)
El título de esta entrada puede parecer una obviedad, viniendo como viene de alguien que como yo se ha  declarado  abiertamente una enamorada de la Ciudad Eterna; pero he de reconocer que hay un aspecto en particular de cualquiera que ocupe la alcaldía de esta ciudad que provoca en mí una envidia profunda, perversa e infinita que experimento en cada visita al pasear por el Foro cuando levanto la vista. La razón no es otra que el espléndido panorama del que disfruta desde la ventana de su despacho el Primo cittadino, que abarca todo el Foro y , supongo, una vista inmejorable  de la ciudad desde la colina del Capitolio; porque ese balcón privilegiado se alza en el edificio que hoy ocupa el  Ayuntamiento, el "Palazzo Senatorio”, actual sede de representación del “Comune di Roma”,  y  que surge sobre las ruinas de dos edificios  de época romana, el Templo de Veiovis y el Tabularium. Asomarse al balcón y contemplar 2.700 años de historia a tus pies debe provocar hasta vértigo, porque la responsabilidad de gestionar una ciudad  trimilenaria, con un pasado tan memorable, es enorme, ingente, casi imposible. Pero pasemos a hablar ahora del lugar donde se levanta esa atalaya municipal tan excepcional.
El Templo de Veiovis, dedicado en  el a.192 a. C., estaba consagrado  a una divinidad itálica, Veiovis, el dios romano que en sus orígenes presidía los pantanos y las manifestaciones volcánicas,  identificado tardíamente con Apolo y  de carácter esencialmente infernal ;  son muchos los testimonios que nos hablan de él:  Cicerón en su De natura deorum,  Aulo Gelio en sus Noches áticas, Ovidio en sus Fasti y el escritor  Varrón.
El Tabularium era una grandiosa estructura arquitectónica destinada a acoger el archivo de la ciudad y de la Curia,  donde se guardaban y custodiaban los documentos públicos oficiales  y las leyes, entre ellas,  las “Leyes de las XII Tablas”, grabadas sobre tablas de bronce,  lo que da nombre al edificio (tabulae publicae). El edificio constaba de tres estructuras: un basamento de más de 70m., que sería una especie de base para nivelar la zona; una fachada orientada hacia el Foro con una doble galería porticada de unos 13 m. de altura; y  el archivo propiamente dicho con su entrada monumental hacia lo que es hoy la plaza del Campidoglio.
Esta imponente construcción de época republicana, de sobrio aspecto, quizá en conexión con lo que simbolizaba,  fue construida en el a. 78 a. C. durante la dictadura de Sila,  por voluntad y financiación del cónsul  Quinto Lutacio Catulo, eso sí, respetando el preexistente  templo de Veiovis. Hoy del Tabularium  sólo se conserva la base o podium, con grandes sillares de toba volcánica,  y tres de los arcos del nivel inferior, sobre el  que se asienta el Palazzo Senatorio. El edificio ocupaba la depresión entre las dos cimas del monte Capitolino, la cima norte o “Arx” , sobre la que se alzaba el templo de Juno Moneta y hoy el templo de Sta. María in Ara Coeli,  y  la cima suroeste, llamado propiamente “Capitolium”, donde se construyó el templo de Júpiter Optimo Máximo, el principal de Roma por la importancia de su culto.  A este lugar, el Capitolio, habremos de volver en próximas y sucesivas  entradas para comprender su enorme importancia y  el interés que suscita  en el marco de la historia de Roma: el corazón del imperio romano, la extensión simbólica de la “Urbs”, llamado por  Tito Livio arcem imperii caputque rerum, porque  cuenta nuestro historiador que durante la cimentación del templo de Júpiter salió a la luz una cabeza humana con la cara íntegra lo que presagió el inequívoco emplazamiento de la cabeza del imperio ,  y por Tácito pignus imperii, “ prenda o garantía del imperio”.
 La gran importancia que en Roma se daba a la documentación lo demuestra el hecho de  que el Tabularium sea el símbolo de una Res publica  firmemente establecida y fuertemente jerarquizada y burocrática,  y cuya sobria arquitectura sería  posteriormente el modelo  de los archivos que aparecerán  después diseminados por todo el Imperio.
La capacidad de gestionar, ordenar y custodiar  la ingente documentación que albergaba el Tabularium correspondía  al tabularius o archivero junto con un equipo de personal que se ocupaba del óptimo funcionamiento;  este complejo cuerpo estaba bajo el control  y supervisión de un Magistrado, cargo  de enorme importancia. La ingente documentación que albergaba incluía desde actas, comentarii y decisiones  de sesiones de la Curia local, a documentos del erario público, pasando por el catastro municipal y el registro de multas, hasta los censos y el calendario laboral con los días festivos no hábiles para la actividad pública. En resumen , todo un complejísimo mundo burocrático que nada parece envidiar al de hoy en día.
A la luz de todos estos detalles puedo entender hoy  el enorme orgullo y  la gran responsabilidad que pesa sobre los hombros de aquel que hoy ocupe el puesto de secretario  de ayuntamiento o de archivero municipal en esta Alcaldía de Roma, donde casi tres mil años contemplan su  actual labor; diría yo que debe de  sentir una satisfacción inmensa,  y agobiante a la vez,  al sentirse el último eslabón  de una cadena tan larga como pesada; como decía el escritor Varrón, Onus est honos,  todo cargo es una carga, y esta pesa como una losa, o mejor, como una tabula.
 Por todo esto (y por muchísimo más)  yo, cada vez que,  plantada junto al Arco de Septimio Severo,  con el Tabularium como telón de fondo de este valle del Foro republicano,  miro hacia arriba y   exclamo con un suspiro insano: ¡Qué envidia  me da el alcalde de Roma!
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