| La Torre de Hércules (agosto 2011) |
Andaba yo a vueltas con la elección de tema para mi próxima entrada cuando mi buena amiga bloguera Negrevernis vino en mi ayuda al dedicar en su magnífico blog estos días pasados una entrada al Patrimonio de la Humanidad (http://oculimundienclase.blogspot.com/2011/11/que-es-el-patrimonio-de-la-humanidad.html); en un ramalazo chauvinista no me resistí a presumir del galardón otorgado en el año 2009 a la joya más preciada de mi ciudad, la Torre de Hércules, y ello me sugirió el tema de hoy, permitiéndome poner en contacto mis dos urbes, mi patria chica atlántica, A Coruña, y mi patria mediterránea en el corazón, Roma.
A la pregunta de qué pueden tener en común ambas ciudades, tan alejadas geográficamente, intentaré dar respuesta y es entonces cuando entra en escena nuestro héroe protagonista, Hércules.
Entre los Trabajos que Hércules tuvo que realizar figura el décimo que consistió en robar el ganado de Gerión, un gigante antropomorfo, que según cuenta el mito, poseía tres cabezas y cuyo cuerpo era triple hasta la cintura; este monstruo habitaba la isla de Eritia, situada en las brumas del Occidente y su riqueza consistía en rebaños de bueyes guardados por un boyero, Euritión, y un perro, Orto. La primera dificultad estaba en cruzar el Océano, y, para resolverla, el héroe pidió prestada la “copa del Sol”, una gran copa en la que el Sol se embarcaba todas las noches , después de haber llegado al Océano, para regresar a su palacio en el Oriente del mundo; las negociaciones no fueron fáciles, pero finalmente Hércules consiguió llegar.
A su llegada lo vio el perro Orto y se lanzó contra él, pero Hércules lo abatió con un golpe de su maza; otro tanto le ocurrió al boyero Euritión, quien había acudido en auxilio de su perro; luego partió con los bueyes. Advertido Gerión del terrible asunto por un pastor del dios Hades, testigo presencial de los hechos, se presentó al momento y , después de alcanzar a Hércules en tierras ártabras, luchó con él encarnizadamente, dicen que durante tres días; pero gracias a su descomunal fuerza el héroe salió vencedor, cayendo abatido Gerión bajo las flechas de su enemigo o bajo los golpes de su maza. Después lanzó su cuerpo al mar, no sin antes cortar su cabeza (aquí se habla de una sola aunque ya dijimos que era tricéfalo) y enterrarla en una pequeña península sobre la que edificó una imponente torre en honor a su enemigo vencido; a continuación embarcó los animales en la copa del Sol y puso proa a la orilla opuesta al Océano.
Esta espléndida torre es hoy la llamada “Torre de Hércules”, de la que todos los ciudadanos de esta ciudad nos sentimos tan orgullosos, el faro romano más antiguo que continúa todavía en funcionamiento y que hace dos años fue declarado “Patrimonio de la Humanidad”; el origen de esta torre está tan íntimamente ligado a A Coruña que los historiadores relacionan su construcción con el asentamiento de los primitivos “coruñeses” en el actual emplazamiento de la ciudad, coincidiendo con el abandono de la anterior zona de habitación a las afueras, en el “Castro de Elviña. Conocida en época romana como “ Farum Brigantium” o “Farum, A Coruña, probablemente desempeñó un papel muy importante como puerto-escala en la ruta del estaño y otros metales procedentes del norte de Europa; la torre original fue reconstruida en 1791 y continúa hoy en día en servicio. El escudo de la ciudad inmortaliza desde 1448 la leyenda del episodio de nuestro héroe con el gigante: en un campo azul una torre de plata rodeada de seis veneras o conchas de peregrino, bajo cuya base aparecen una calavera y dos tibias cruzadas que serían las del mismísimo Gerión enterrado por Hércules; se entrecruzan, así, la leyenda y la historia.
La realidad, sin embargo, parece ser otra distinta; probablemente alzada en la segunda mitad del s. I d. C. por un arquitecto lusitano, de Coimbra concretamente, cuyo nombre, procedencia y profesión, Caio Sevio Lupo, nos han quedado para siempre en una inscripción sobre piedra conservada aún hoy junto a la base de la torre y protegida por una pequeña caseta, que pasa absolutamente inadvertida para la mayoría de los visitantes.
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| Escudo de A Coruña |
Pero volvamos al mito; a su regreso de la expedición al occidente conduciendo a los magníficos bueyes sustraídos a Gerión, Hércules llegó a orillas del río Tíber y dejó pacer en libertad a las reses en el lugar del futuro “Foro Boario”, el mercado de ganado de Roma, mientras él, fatigado del largo viaje, descansaba y echaba una cabezada.
Vivía muy cerca de allí, en una gruta al pie del Aventino, Caco, un ladrón monstruoso, famoso en toda la región, tenido por hijo del dios Vulcano, que tenía tres cabezas y despedía fuego por sus tres bocas. Atraído por la belleza de los bueyes y no pudiendo llevarse toda la manada, como hubiese deseado, robó cuatro vacas y cuatro bueyes y los ocultó en su cueva; y, para no dejar rastros, obligó a los animales a caminar hacia atrás tirándoles del rabo, de tal manera que las huellas parecían dirigirse en sentido contrario a la gruta.
Cuando Hércules despertó de su sueño y recontó su ganado, rápidamente advirtió que le faltaban algunas reses y se puso a buscarlas; y habría tenido éxito la estratagema de Caco si, según una versión, los animales al olfatear a sus congéneres no se hubiesen puesto a mugir, descubriendo así su presencia, o si, según otra versión, la hermana de Caco, Caca, no hubiese traicionado a su hermano al revelar a Hércules el lugar donde estaban escondidos los animales. Sea como fuere, entre ambos se entabló un terrible combate que finalizó con la victoria de Hércules quien con su maza dio buena cuenta de las tres cabezas de su rival.
En alusión a la segunda versión de esta historia, en honor de la hermana de Caco las Vestales, de las que hemos hablado en las dos entradas anteriores a esta, ofrecían sacrificios y, por haber revelado que su hermano arrojaba fuego por la boca y devastaba los campos, se le ofreció un templo, que como protección contra los estragos de las llamas, cuentan que se encontraba al cuidado de estas sacerdotisas.
Y así, al hilo de Hércules y de la consecución de su décimo Trabajo, hemos llegado a esa conexión que establecía yo al principio, entre dos ciudades distantes entre sí en el espacio, pero hermanadas por la figura de este legendario héroe y sus peripecias; no olvidemos que el Foro Boario (de bos, bovis, buey o vaca) era el gran mercado de ganado de la antigua Roma y en él se levanta ese hermoso templo de Hércules Olivario, que, como hemos explicado, es en ocasiones mal llamado Templo de Vesta.
Espero en esta ocasión haber sabido presentar con amenidad ese nexo común que ata mis dos ciudades y me despido de mis amables lectores teniendo el privilegio de contemplar ahora mismo desde mis ventanas la bellísima y elegante silueta de esta Torre que deseo siga iluminando mil años más esta gallega costa.
| La Torre de Hércules al anochecer (diciembre 2011) |
P.D. Esta entrada está dedicada al doctor coruñés José Luis Vázquez Iglesias (Manito), a quien debemos el reconocimiento de la Torre de Hércules como Patrimonio de la Humanidad; a él que se declaró siempre un enamorado de la Torre sirvan estas palabras in memoriam.
