| Roma desde Trinidad del Monte |
Este blog que hoy se estrena no tiene pretensión alguna de ser una historia de Roma, ni tan siquiera una detallada guía turística; tan sólo quiere dar mi propia y particular visión de Roma, de “mi Roma”, tal como yo la percibo y la disfruto desde hace años. Se podría resumir en que es la respuesta somática a la impresión psicológica que Roma me provocó desde la primera vez que llegué a ella; esta ciudad trimilenaria me invadió, me conquistó, me sedujo y me fascinó en una vorágine de enamoramiento hepático (porque ya para los antiguos el hígado era la sede de los sentimientos más profundos, el amor y el odio). En esa primera ocasión entré en la ciudad de noche, como un furtivo, y no tenía ojos para tanto secreto iluminado, con el corazón encogido por la emoción de reencontrarme durante unos días con tantos “viejos amigos” que me han acompañado desde mi adolescencia hasta hoy, mi estudio entonces y mi dedicación ahora; y en aquella madrugada fue tan cálida la bienvenida que se nos dispensó que ninguno de nosotros, ni mis alumnos, ni los excelentes amigos que me acompañaban, ni yo misma queríamos retirarnos al hotel a descansar.
Porque otro de los alicientes que tiene para mí Roma es la maravillosa compañía que siempre ha formado parte de mis viajes: colegas y amigos con los que he disfrutado y he aprendido tanto, tantísimo (gracias, cara T., por tu incondicional “sí” a mi locura de proyecto, gracias siempre), y a mi familia que ha participado en estas visitas, in ausentia con su apoyo total, ilimitado y leal, y in praesentia por su implicación y entusiasmo al participar en ellas (“Tutta Roma” en diez días es mucho pedir). Gracias a todos vosotros por secundarme y por…aguantarme.
Quiero también desde aquí, desde esta primera entrada, agradecer también a todos aquellos blogs que me han precedido en esta tarea de descubrir más a fondo esta magnífica ciudad; de todos iré dejando referencias en próximas entradas porque es justo el reconocimiento y un placer acercarse a ellos para leerlos. Algunos han cesado ya su actividad, pero “scripta manent”; otros, afortunadamente, siguen activos, y de otros esperamos, ¿verdad, Jesús?, que renazcan como el Ave Fénix en breve.
Y para finalizar quiero expresar mi enorme gratitud a todos aquellos amigos del mundo bloguero que habéis alentado, animado y hasta “premiado” esta nueva empresa antes de nacer; gracias a Miguel Ángel, a Uriel, a Jolie, a C.G. Aparicio, a Dlt, por su inestimable apoyo y firme fe en mí.
Habemus blog; por fin fumata blanca. Como dijo César al cruzar el Rubicón, Alea iacta est, la suerte está echada; sólo espero que los dioses me sean propicios.