"Roma está llena de leyendas que lo único que pretenden es engrandecer aún más su historia. Es como si la vieja ciudad dudara de su belleza, y hubiera encontrado en el pábulo un alimento para sobrevivir, un método de rejuvenecimiento" Emilio Calderón
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sábado, 29 de diciembre de 2012

Una "Barbie" para la Eternidad.



En este tiempo de Navidad, de celebraciones y de obsequios, en la que cobran especial protagonismo los niños, me pareció buena idea dedicar mi entrada de hoy a una enternecedora historia que, por intrascendente, pasará desapercibida para la gran Historia, pero que, junto con otros tantos episodios menores, contribuye a un mejor conocimiento de  la vida cotidiana de los antiguos romanos,  de esos anónimos personajes  que también aportaron su granito de arena al devenir del Imperio. Os invito, amables lectores, a descubrir conmigo por qué razón la he titulado “Una Barbie para la Eternidad”.


Palacio Massimo alle Terme (abril 2012)

En Roma, en medio del incesante tráfico de vehículos y personas que a diario cruzan la zona de  la Estación Termini se alza elegante el edificio que alberga el Palacio Massimo alle Terme, una de las cuatro sedes en que se divide el Museo Nacional Romano; es este museo un joyero que guarda en su planta sótano una perla excepcional que pasa desapercibida, en muchos casos, hasta para los que visitan las instalaciones. Se trata de una momia infantil romana, un caso excepcional ya que la momificación no fue nunca una costumbre en Roma y que, por tanto, puede ser considerada un espécimen único;  la inhumación y la cremación de los cadáveres eran las prácticas funerarias habituales de los romanos, así que el hallazgo en  febrero de 1964 de un cuerpo femenino de unos ocho años de edad conservado por momificación antropogénica, es decir, por intervención directa o indirecta de la mano del hombre, impactó a la comunidad arqueológica. El descubrimiento fue realizado accidentalmente  a las afueras de Roma, a unos 7 u 8 km. al norte de la ciudad en el distrito de Grottarossa, motivo por el cual se la conoce hoy con ese nombre, mientras se realizaban unos trabajos de excavación previos a una obra de construcción. El cadáver, que llevaba puesta una túnica de seda,  fue hallado dentro de un sarcófago rectangular de mármol blanco datado en la segunda mitad del s. II d. C., finamente decorado con tallas ornamentales que representan escenas de caza de ciervos y jabalíes que estarían quizá inspirados en el episodio de Dido y Eneas del libro IV de la Eneida; la tapa de apertura frontal muestra una escena de captura de un cachorro de león, tema que alude probablemente a la muerte prematura de la niña arrebatada a sus padres. Se ha llegado a pensar que algunas de estas escenas tienen connotaciones africanas y se especula si hay incluso una influencia egipcia, dato que como veremos más tarde, vendría respaldado por otras evidencias.
La momia de Grottarossa (abril 2012)

Las momias son siempre como libros abiertos, como testigos mudos de la  Historia que  hablan y que revelan sus secretos a quienes estén interesados en escucharlas; la “momia de Grottarossa” no es una excepción.  Como indican su peso y su desarrollo dental,  pertenecía a una niña, pero no había en ella signos de evisceración y el cerebro estaba intacto,  tal como demostraron la pruebas que se practicaron; no se hallaron en ella ni evidencias de natrón ni de betún, pero los análisis identificaron la presencia de resina de coníferas y polen de mirra sobre el cuerpo.  Las últimas investigaciones llevadas a cabo por investigadores de la Universidad de Bristol sobre trece momias conservadas en museos británicos parecen haber demostrado que la base de conservación de estos cuerpos llevaba en su composición resinas de coníferas y cera de abeja, aplicadas al final del proceso; asimismo sobre la piel de la niña fue hallada un trozo de resina de embalsamamiento. Esto vendría a demostrar que la técnica de momificación empleada fue, sensu stricto, el “embalsamamiento”, es decir, el tratamiento con bálsamos, como revela la ausencia de cortes, de residuos de sales, la persistencia de todos los órganos internos y la exhalación de olores aromáticos en el momento de su descubrimiento por el uso de sustancias perfumadas; a esto se une que los análisis químicos revelaron la presencia de ácido abiético, mostrando evidencia de elementos de cupresáceas, en particular del enebro (Juniperus). Esta técnica parece haber sido usada  comúnmente en el Egipto del último periodo, incluyendo la  era romana en que aún vivía la niña de Grottarossa; la pregunta que nos formulamos es por qué sus padres recurrieron a técnicas funerarias egipcias cuando el cuerpo es claramente caucasiano (incluso se apunta a que, por  las características antropométricas de su cráneo, descendiese del Norte de Italia), el sarcófago es evidentemente romano y la momificación se llevó a cabo  en la propia Roma como parecen confirmar las técnicas de tejido del lino utilizado para las vendas que cubren el cuerpo.
Se han barajado diversas hipótesis: desde  que la niña habría vivido un corto periodo de tiempo en Egipto hasta que su familia formase parte de alguno de los grupos religiosos que estaban activos en Roma por aquella época. Era  enorme la  atracción que sobre Roma ejercía  Egipto, sobre todo desde finales de la República;   la novedad misteriosa que ofrecían  algunos dioses y diosas egipcios a la fantasía grecolatina hizo que sus cultos penetrasen pacíficamente en la capital del Imperio.  Llegados en un momento de profunda crisis religiosa, los cultos egipcios,  al igual que sucedió con otros cultos orientales, atraían a multitud de devotos que  se sentían fascinados por la vistosidad y el colorido de los rituales así como por unos misterios que prometían una vida más allá de la muerte; podría explicarse así que la momificación de la niña responde a que ella misma o sus padres eran adoradores de estas divinidades egipcias, tras un periodo de residencia en África, lo que justificaría la decoración del sarcófago en que fue hallado el cuerpo, o como seguidores fervientes de este culto cuyos avances habrían hecho posible el proceso de momificación en la propia Roma.
Pupa de Grottarossa (agosto 2010)
Pero el ajuar funerario de nuestra momia presentaba extraordinarias curiosidades; exhibe joyas de un tipo que corresponden a su juventud: un juego de pendientes de oro muy sencillos, un collar de oro con zafiros y un anillo de oro con una Victoria Alada incisa, todo lo cual nos informa de que la pequeña pertenecía indudablemente  a una familia acomodada, dado el metal empleado,  el oro, y la procedencia de la piedra preciosa, el zafiro, cuyo origen ha podido ser  localizado en el lejano Sri Lanka, la antigua Ceilán , al igual que sucede con ciertos objetos de ámbar que, como veremos a continuación, procedían del Báltico. El conjunto se completaba con una pequeña caja de ámbar en forma de concha, un tarrito de ámbar, una cajita con asa, un dadito de ámbar así como algunos pequeños objetos también de esta resina fósil  que fueron colocados como amuletos entre las vendas de lino que cubrían sus restos y   … ¡una pupa, una muñeca de marfil articulada de extraordinaria factura! Este hallazgo me lleva a hacer una reflexión sobre el papel universal que los juguetes han desempeñado desde siempre en el natural entretenimiento de niños y niñas; las jovencitas griegas y romanas se divertían con sus muñecas, de las que se han encontrado varios ejemplares, incluso con sus brazos, piernas y cabezas articuladas (  baste poner como  ejemplo más notable  en España las  bellísimas cinco muñequitas romanas halladas en 1946 en una necrópolis infantil en  Ontur y que hoy se conservan en el Museo de Albacete). Muchas veces a las muñecas las acompañaban sus minúsculas vajillas, sus diversos complementos y hasta sus diminutas joyitas.

Ajuar funerario de la momia de Grottarossa (agosto 2010)
En Roma las jóvenes, cuando se iban a casar, en la víspera de sus nupcias, consagraban sus muñecas a los Lares y a los Penates, las divinidades protectoras del hogar;  pero a nuestra niña de  Grottarossa no le dio tiempo a llegar a esa edad  y por este motivo su juguete más preciado, su querida “Barbie”,  fue incluida  por la familia en su ajuar funerario camino de la Eternidad. Esto nos traslada una nueva reflexión: ¿de qué murió la pequeña a edad tan temprana?, ¿cuáles pudieron haber sido las causas que propiciaron su prematuro fallecimiento?
Las investigaciones realizadas sobre la momia muestran antracosis relativamente avanzada para la juventud del cuerpo; esta enfermedad, conocida popularmente como “tisis del minero”, significa la presencia en los pulmones de polvo de carbón inhalado. La pregunta lógica que nos hacemos es cómo es posible que tal cantidad de partículas de polución fuesen a parar a aquellos pulmones infantiles y la respuesta viene de la mano de los modernos paleopatólogos.
En la Antigua Roma los espacios interiores sufrían un altísimo grado de contaminación por partículas, sobrevenida de la quema de grasas vegetales y animales en las lucernae, lamparillas de terracota de las que hallamos cientos de ellas hoy expuestas en los museos, ennegrecidas por el uso, para dar luz artificial; asimismo las técnicas culinarias de la época requerían la combustión de materiales vegetales en las cocinas, de igual manera que los hogares se calentaban, para hacerlos más confortables en la medida de lo posible, recurriendo a la quema de madera, de cualquier otra materia vegetal o incluso de estiércol. Todos estos materiales serían los responsables de la contaminación y polución de los interiores al generar  en la combustión partículas peligrosas y gases tóxicos, lo que contribuiría a la mala salud de las personas, independientemente de su sexo o de su edad.
Los datos de nuestra momia  revelan una anormal pigmentación negruzca de los alveolos pulmonares explicable por la  inhalación masiva y continua de  partículas de carbón y  hollín que justificarían, dada su corta edad, complicaciones en el aparato respiratorio; no es descabellado afirmar que la muerte le sobrevino por alguna enfermedad que redujese la función respiratoria y la cantidad del aire, como el enfisema, dos de cuyas causas pueden ser la exposición prolongada al humo y la contaminación ambiental , aunque quizás nunca lleguemos a saberlo con seguridad.
Hoy, cuando la contemplamos en una vitrina, como una pequeña Blancanieves romana en su ataúd de cristal, su aspecto causa una mezcla extraña de ternura y desagrado, de tristeza y de asombro; recuerdo la penosa impresión de mi hija pequeña, que por aquel entonces contaba más o menos la misma edad que la niña de Grotttarossa, al verla allí tendida, ennegrecida y enjuta, con un rostro en que se destacan, extrañamente enormes, los incisivos centrales. Y no fue la única porque parecida sensación experimentaron en abril del año pasado mis alumn@s.
Desde el punto de vista de su conservación, la momia parece satisfactoriamente preservada, expuesta en el museo en particulares condiciones de temperatura y humedad;  ahora el  conjunto del cuerpo se muestra arrugado como consecuencia de la completa deshidratación que experimentó, lo que como consecuencia hace que sólo pese unos  4960 gramos  para sus 120 centímetros de longuitud  total, y su piel, dura y rígida, ofrece un tono parduzco.  Pero parece que no siempre fue así; cuando tuvo lugar el hallazgo, testigos presenciales que tuvieron la oportunidad de examinar la momia in situ hablan de que el cuerpo se encontraba bien hidratado y que por sus características parecía un sujeto blanco vivo, aunque pronto empezó a arrugarse y experimentar una progresiva decoloración, seguramente como consecuencia de la repentina exposición al aire de un cuerpo que había permanecido guardado en un recipiente hermético durante dieciocho siglos.
Cada vez que visito Roma,  sé que me aguardan en el Palacio Massimo grandes tesoros que disfruto con absoluto placer, pero siempre reservo la última parte de la visita a mi particular homenaje a ese ingenuo pedacito de la Historia de Roma que significa la “momia de Grottarossa”.
Espero, mis queridos y pacientes lectores, que hayáis disfrutado con este paseo por Roma y sólo me queda desearos un esperanzador Año Nuevo 2013 nada mejor que haciendo míos los versos del poeta Ovidio en sus Fasti cuyo libro primero está dedicado al dios Jano,  aquel a cuyo reinado se le atribuyen las características propias de la Edad de Oro: honestidad perfecta en los seres humanos, abundancia y paz completa.
Ecce tibi faustum, Germanice, nuntiat annum
Inque meo primus carmine Ianus adest.       
  
 (OVIDIO: Fasti, I, vv. 63-64)


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