"Roma está llena de leyendas que lo único que pretenden es engrandecer aún más su historia. Es como si la vieja ciudad dudara de su belleza, y hubiera encontrado en el pábulo un alimento para sobrevivir, un método de rejuvenecimiento" Emilio Calderón
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domingo, 3 de febrero de 2013

La Fontana de Trevi (I): la venganza de un arquitecto



  
Al hablar de la Fontana de Trevi en Roma parecería  hasta imposible aportar algo nuevo a todo lo dicho ya de este archiconocido enclave de la Ciudad Eterna, lugar de visita obligada por ser uno de los lugares más espectaculares;  catapultada a la fama internacional desde que Federico Fellini  lo convirtiera en el escenario del mítico  baño nocturno de la exuberante Anita Ekberg  junto a Marcello Mastroianni en su película La dolce vita (1960) y  reproducida en láminas, fotografías, calendarios, pisapapeles y otros cachivaches de dudoso gusto, la famosísima Fontana de Trevi se ha convertido en todo un icono de la capital italiana.
En un intento por recorrer la historia real de esta monumental Fuente de los Deseos, empezaré por remontarme a sus orígenes romanos para terminar al fin con una de esas historias que tanto me gustan y que he dado en llamar, como este blog, “ se non è vero, è ben trovato".
Uno de los grandes problemas en época romana antigua era el abastecimiento de agua para la población; originariamente Roma se proveía de agua directamente del Tíber, con el peligro consiguiente de consumir agua contaminada. De ahí surge  la necesidad de traerla  desde lugares alejados de la urbe que garantizasen su perfecta potabilidad,  por tratarse de manantiales de agua pura, a través de acueductos construidos a partir de finales del s. IV a. C.
La leyenda nos cuenta que  en el 19 a. C. los  sedientos soldados del general Agripa, yerno del emperador Augusto,  fueron advertidos por  una virgen,  una  virgo, una joven  doncella,  de la presencia de un manantial de agua purísima a unos 22 km de la ciudad, que a partir de este momento proveyó el acueducto  llamado Aqua Virgo,  uno de los trece que hubo en la ciudad,  y que recorría un trayecto de más de veinte kilómetros , la mayoría de ellos bajo tierra. El momento en que la joven mostraba el lugar donde manaba el agua a las tropas romanas quedaría  reflejado,  años  más tarde, en la propia  fachada de la Fontana de Trevi.
 Estos acueductos, excelentes ingenios de la tecnología de la época,  fueron utilizados hasta la caída del  Imperio Romano, momento en que empezaron a caer en desuso por el abandono de su mantenimiento  hasta que en parte fueron destruidos en el año 537 d.C. , momento en que los godos asediaron Roma y destrozaron estas conducciones con el fin de rendir por sed fácilmente a los sitiados; en la Edad Media los romanos se vieron  obligados a aprovisionarse de agua extrayéndola de pozos contaminados y del propio Tíber, que simultáneamente era usado como cloaca; esto, lógicamente,  lo convertía en un foco de graves  infecciones y un peligro permanente  para la salud de los ciudadanos.
 Más tarde, durante el Renacimiento,  se revivió en Roma  la costumbre  de erigir una bella fuente al final de los acueductos que  conducían el agua a la ciudad y así,  en 1453,  el papa Nicolás V hizo reparar este acueducto  en cuyo término levantó una simple pila, obra de León Battista Alberti,  para recibir el agua.
El nombre de Fontana de Trevi procede de su situación, en la confluencia de tres vías (trivium),  aunque otra leyenda alude al nombre de la virgen romana  Trivia, responsable de su hallazgo,  como explicación;  escondida entre estrechas  calles, el efecto de su monumentalidad se hace más patente al visitante que se topa, de repente, con este gigante de travertino en una plaza que sorprende por su pequeño tamaño. Según uno se acerca  a ella, el rumor de agua anticipa su presencia pero la sorpresa que causa, de repente,  su espectacular  tamaño y apariencia impresiona sobremanera en ese juego de efectismo tan propio del Barroco; a mí, en particular, me gusta llegar a ella descendiendo desde el Quirinal, por un laberinto de callejuelas que potencia la experiencia del encuentro. La primera vez que la ves, no hay ojos para tanta belleza… y te sobran turistas en torno a ella; y es que la visites cuando la visites, un enjambre de personas se congrega a su alrededor, como si en ningún momento  del día ni de la noche  fuese a quedar desierta. Pero tal es su atractivo que te conformas con compartirla con la multitud, ¡qué remedio!
La Fontana, tal y como la conocemos hoy, es obra del arquitecto Nicola Salvi, después de que varios papas y varios proyectos antes tuviesen intención de construir una fuente monumental aquí, incluyendo uno del propio Bernini;  quien dio su aprobación al proyecto de Salvi fue  finalmente el papa Clemente XII, cuyo blasón es visible en la parte superior de la fuente  flanqueado a  cada lado por dos ángeles heraldos con trompetas, en un fenomenal  alarde propagandístico. La costosa construcción se demoró durante treinta años, de 1732 a 1762, y su arquitecto murió antes de ver concluida su obra; su delicada salud se vio resentida por  los constantes trabajos en los conductos subterráneos de agua donde la humedad hizo mella en sus problemas pulmonares crónicos. Habría de continuar la obra Giuseppe Pannini siguiendo los planos originales de Salvi, a quien se deben los relieves alusivos al legendario hallazgo del manantial de agua pura en la parte superior de la Fontana.
Una de las cosas que hacen a la Fuente de Trevi espectacular es su disposición literalmente “teatral”: como telón de fondo encontramos la fachada sur del Palacio Poli, un auténtico desconocido para los turistas, eclipsado por la grandiosidad de la fuente, al tiempo que en torno a ella, a modo de escenario,  se disponen gradas en semicírculo para que los asistentes puedan contemplar la gran representación de agua y piedra que constituye una de las obras cumbre del Barroco italiano. Pero veamos ahora quiénes son los actores y actrices principales de este derroche de imaginación en mármol travertino.

Océano o Neptuno en la Fontana (agosto 2010)

Una hermosa hornacina central se dibuja detrás del  gran protagonista, la figura majestuosa de un dios Océano o Neptuno, señor poderoso de los mares y las aguas,  que emerge en una gigantesca concha de la que, a modo de carro,  tiran a ambos lados dos caballos marinos, uno encabritado y el otro tranquilo,  acompañados de dos figuras de tritones que intentan dominar a los corceles; estos, a su vez, representan los estados del mar, ora embravecido y violento, ora calmado y plácido, de cuyas riendas se ocupan seres del cortejo marino, mitad hombres, mitad peces, a los que se acostumbra a presentar soplando en conchas que les sirven de trompa, como podemos observar  en la figura de la derecha. La figura del dios con la vestimenta al viento, entre las magníficas formaciones rocosas naturales y los borboteos de las cascadas de agua, contribuye  a crear un espectáculo grandioso y festivo, un homenaje al poder salutífero y vivificador del agua como regalo de la Naturaleza; estas figuras son obra de dos escultores, Giovanni Maini,  quien las inició, y Pietro Bracci, que les dio fin;  la fuerza del Neptuno parece inspirada en el propio “Moisés” de Miguel Ángel, así como el corcel manso y apacible recuerda, sin duda alguna, el caballo de Bernini en la “Fuente de los Cuatro Ríos” de Piazza Navona, a la que la propia Fontana di Trevi abastece de agua.
A cada lado del majestuoso Neptuno se descubren dos hermosas figuras femeninas  de Filippo della Valle que dan forma en escultura a  las mismísimas palabras en latín de la inscripción del friso superior, bajo el blasón papal, con las que Clemente XII deja claro, en su propagandístico mensaje, su compromiso con la “Abundancia”,  COPIA, y la “Salubridad”, SALUBRITAS, a través de esta fuente:
CLEMENS XII PONT MAX
AQUAM VERGINEM
COPIA ET SALUBRITATE COMMENDATAM
CULTU MAGNIFICO ORNAVIT
ANNO DOMINI MDCCXXXV PONTIF VI
Tritón con caballo marino a la derecha de  la Fontana (agosto 2010)

Se trata de un programa iconográfico interesantísimo que vale la pena examinar detalladamente. A  la derecha podemos contemplar  a una joven mujer elegantemente vestida con delicados plegados;  se trata de Higía o Salus,  que  porta en su mano izquierda una lanza mientras en la derecha sostiene una copa por la que se enrosca una serpiente. Era esta diosa Higía  en la mitología griega la personificación de la Salud, la personificación de la higiene como práctica terapéutica preventiva,  y con frecuencia es considerada una de las hijas de Asclepio, dios de la Medicina; la diosa  Salus en Roma no es sólo la personificación de la Salud , sino, en general, la de la “conservación”, y, curiosamente, en tiempos  poseyó un templo en un lugar muy próximo a la Fontana, el Quirinal. Hoy en día esta copa o cáliz con una serpiente enroscada a su alrededor es universalmente considerada como símbolo de la profesión farmacéutica.
Alegoría de la Salubridad en la Fontana (agosto 2010)

A la izquierda del dios del mar descubrimos otra delicada escultura de mujer , alegoría de la Abundancia; a sus pies, de un cántaro mana agua y con las dos manos sostiene una Cornucopia, el  Cuerno de la Abundancia o de Amaltea, la ninfa nodriza de Zeus cuando era niño; cuenta la mitología que un día, mientras jugaba, Zeus quebró  un cuerno de la cabra que le suministraba la leche y se lo regaló a Amaltea con la promesa de que este se llenaría milagrosamente  de todos los frutos que deseara. De ahí la representación de un cuerno del que salen flores y frutos, símbolo omnipresente en lugares de toda  Roma.
Alegoría de la Abundancia en la Fontana (agosto 2010)

Sobre el conjunto escultórico encontramos una clara referencia a los orígenes míticos de la Fontana; dos relieves muestran sobre las figuras femeninas, a la derecha, el momento en que la joven virgen muestra a los soldados de Agripa el manantial, y, a la izquierda,  el general Agripa en persona examina y aprueba los planos de la obra. Y aún por encima de todo el grupo, junto a la inscripción del papa Clemente, cuatro esculturas femeninas, dos a cada lado, representan las Cuatro Estaciones.
Hoy en día las  cristalinas aguas de la Fontana de Trevi que, según alguna leyenda local, en otros tiempos  aseguraban a las romanas el amor de sus amados tras beber estos un sorbo, no son potables; la fuente se somete periódicamente a trabajos de limpieza, pulido y  desinfección con cloro para evitar la proliferación de microorganismos en el agua. Pero es posible  probarla, y confieso que es deliciosa, si acertamos a dar con los caños de unos surtidores dispuestos a ese fin; están ubicados, aunque poco visibles entre el gentío,  a la derecha del monumento junto a una farola y en las escalinatas, también a mano derecha,  que bajan hacia el borde de la pileta donde todos los turistas  se disponen a asegurarse el regreso a la Ciudad Eterna al módico precio de una moneda, eso sí, cumpliendo estrictamente con el ritual de arrojarla con la mano derecha sobre el hombro izquierdo y siempre  de espaldas a la fuente. Pero el origen de esta tradición, así como alguna otra curiosidad más  sobre la Fontana, que estoy segura que será de vuestro agrado, prometo que será  el tema de mi próxima entrada, porque esta me está saliendo ya demasiado larga.
Como comenté al principio de la entrada, Nicola Salvi no vivió para ver concluida su obra; pero sí se aseguró, antes de su muerte, de hacer eterna una pequeña “venganza”. Y así llegamos a esa otra historia discutiblemente vera, pero que espero que  resulte  para quien no la conozca bèn trovata y explicativa de un elemento  insólito que lo cierto es que sí existe, lo cual da verosimilitud a la leyenda.
Sobre la balaustrada que  circunda la Fontana, en su lado derecho, justamente en el ángulo con la  Via della Stamperia, está esculpida  una  enorme vasija de travertino, visible  desde la calle, pero imposible de ser advertida desde la misma fuente ya que en esta  posición su aspecto queda mimetizado con la estructura rocosa; su aspecto recuerda, cuando se la contempla, el símbolo correspondiente al As de Copas de la baraja española, de ahí que a este extravagante objeto se le conozca en Roma como L’Asso di Coppe. 

L'Asso di Coppe de la Fontana de Trevi (abril 2012)

 Y la pregunta lógica  de qué hace ahí surge inmediatamente  y aquí es donde se revela la curiosa explicación; cuentan que durante los trabajos de construcción de la Fontana el arquitecto Nicola Salvi se veía constantemente molestado por los comentarios de un barbero criticón y pedante cuyo establecimiento estaba situado precisamente frente  a ese lugar de la baranda y donde a diario el artista acudía para ser afeitado. Exasperado por las continuas críticas del insufrible rapabarbas sobre su hermosa Fontana, Salvi tomó la decisión de impedirle la vista de su obra y en una noche hizo construir la enorme vasija, que le ocultó por completo la perspectiva desde la fachada de su barbería y le privó así  para siempre  de la belleza  de su magnífica fuente como venganza  ad aeternum.  Yo misma he comprobado in situ que resulta imposible disfrutar del espectáculo de la Fontana desde allí  e invito a mis amables lectores a hacerlo ellos mismos cuando tengan oportunidad; hoy ya no existe la barbería, aunque dicen que hasta no hace mucho sí hubo una, pero lo que yo pude ver fue tan sólo el local  de una vieja mercería y otro bajo junto a este con una persiana metálica bajada y un toldo-letrero, “Stampe Cornicsouvenir”. Corresponden, respectivamente,  a los números 83 y 84 de la Via della Stamperia, un poco más allá de una antiquísima farmacia, la Farmacia Pesci,  fondata nel 1552, como reza en su fachada, y de la conocida tienda de calzado  “Angelo”, datos que ayudarán a localizar más fácilmente el lugar para quien se anime a las pesquisas.
Sea o no cierta la leyenda, el caso es que es difícil explicar la extraña presencia de este elemento  que nada tiene que ver con el tema de la fuente y que no encuentra tampoco  correlato en el lado izquierdo de la balaustrada; en cuanto a lo que significa o pudiera representar, también aquí se apunta  una explicación que vendría a corroborar  la misma historia del fígaro maledicente ya que quizá se trata de la bacía o recipiente donde el barbero “montaba” la espuma de jabón para su trabajo.
Y por hoy hemos llegado al final de esta Historia con  “historia”, que dejo a vuestro criterio decidir si es vera, o si, por lo menos,  ha sido ben trovata;   tan sólo me queda daros las gracias, amables lectores, por vuestra paciencia y  espero reencontrarme con tod@s vosotr@s en la próxima entrada sobre esta inagotable Fuente de historias que es la Fontana de Trevi.





lunes, 30 de enero de 2012

EL RÍO TíBER: EL ALMA DE ROMA

Curso del río Tíber (agosto 2010)
Desde antiguo el curso del Tíber ha definido el paisaje urbano de Roma; cruzado por numerosos puentes, desde aquel “Ponte Sublicio”, de madera, construido por orden de  Anco Marcio,  el río ha articulado la vida de la ciudad y de sus ciudadanos en ambas orillas, confiriéndoles un carácter particular y estableciendo entre ciudad y río un vínculo indisoluble.
Podemos remontar los orígenes de Roma hasta el s. VIII a. C., una fecha que se ve  confirmada no sólo por la tradición, sino también por  las excavaciones arqueológicas. De hecho, en las colinas que rodean Roma existen restos de comunidades bien asentadas anteriores al s. VIII,  pequeñas aldeas de granjeros y pastores que habitaban sencillas chozas con techo de paja, del tipo encontrado en las excavaciones del Palatino. Es la posición especialmente favorable de esta colina la que  precisamente le permitió dominar a las demás; además se unía su doble estratégica localización: su situación cerca del recurso más vital y precioso, el río Tíber, navegable hasta Orto, y la imposibilidad de vadearlo hacia la isla Tiberina  por ningún otro sitio  practicable que no fuese por este. El control de esta zona ofrecía una ventaja indiscutible sobre cualquiera que, intentando alcanzar las ciudades etruscas del norte, viniese desde Campania; también por esta ruta la sal era transportada desde las marismas del sur del Tíber por los sabinos, y del término latino sal, salis, “sal”, deriva su nombre, la Via Salaria. De hecho, muchos historiadores vinculan este camino y el comercio de la sal con la fundación de Roma, confirmando así su importancia fundamental desde época prehistórica.
Cerca del río surgió seguramente el primer mercado de Roma, que pronto se transformaría en punto de reunión y núcleo de actividad comercial importantísimo y el puerto del Tíber, el Portus Tiberinus,  llegaría, con su enorme crecimiento, a definir incluso la vida de la ciudad. La zona situada entre el río y las colinas del Capitolio, el Aventino y el Palatino fue siempre muy importante; este área, que era una marisma, fue reclamada, según cuenta la tradición, por los reyes etruscos y es muy posible que los griegos utilizasen la zona en el s. VIII a. C., como parecen confirmar algunos descubrimientos.
El Tíber ha sido y es el alma de Roma;  hasta en el topónimo de la ciudad está implícito el espíritu del río. La etimología de “Roma” presenta todo un abanico de hipótesis, desde la que la relaciona con  una corrupción de Rumon, el primitivo nombre etrusco del Tíber, a la explicación “itálica”, según la cual procede de Ruma, que en osco significaría “ubre, mama” o “colina”, pasando por Roma o Rhome (con esta ortografía, derivada del vocablo griego que significa “fuerza”), nombre de una heroína que habría sido la epónima de la ciudad, según algunos una cautiva troyana o incluso esposa de Eneas Todas estas teorías cuentan con sus defensores y objetores, y para quien desee adentrarse en sus procelosas aguas dejo este interesante enlace:
Lo curioso es que estos tres posibles orígenes convergen en el mito: el héroe troyano Eneas, hijo de la divina Afrodita y, por tanto, del mismísimo Zeus, cuyos descendientes, los gemelos Rómulo y Remo,  fueron arrojados en una canasta al  río Tíber y milagrosamente recogidos por una loba recién parida que los amamantó.

Detalle de Rómulo y Remo (agosto 2010)
 También en esta leyenda desempeñan un papel muy importante las repentinas crecidas del río, bien conocidas y temidas por los romanos desde antiguo, y de las que ya nos habla Tito Livio en el libro I de su Ab urbe condita.  Cuenta el historiador que Ascanio, hijo de Eneas, fundó una ciudad, Alba Longa, al pie de las colinas Albanas; fue sucedido por su hijo Silvio y este sobrenombre de “Silvio” fue común a todos los reyes, cada uno de los cuales sucedió a su padre. A la muerte del último rey, Procas,  entre  sus dos hijos surgió una rivalidad tal que Amulio, inicialmente excluido del trono, expulsó a su hermano y se apoderó de la corona; bajo el pretexto de honrar a su sobrina Rea Silvia, la consagró como sacerdotisa Vestal dejándola sin posibilidad de descendencia. Violada por el dios Marte, Rea Silvia dio a luz gemelos, Rómulo y Remo, que fueron arrojados al río; una oportuna inundación impidió que la canasta con los niños, expuesta junto a una higuera, llegase al curso principal y quedase varada en tierra firme, donde una loba sedienta, atraída por el llanto de los niños, los lamió y los amamantó. Fueron entonces recogidos por un pastor, Fáustulo, quien se  los llevó a casa a su esposa Larentia para que los criara; y se dice que quizá a Larentia, a causa de su vida poco honesta, se hubiera puesto el nombre de “loba”, dando así origen a la maravillosa leyenda. De este modo la Loba se convirtió en el símbolo de Roma y una hermosa escultura del animal, de controvertida datación, con el añadido posterior de los gemelos, es exhibida con orgullo como una de las “joyas de la Corona” de los Museos Capitolinos.
Loba Capitolina (agosto 2010)
 Hoy en día el Tíber está canalizado, desde que a finales del s.XIX se le construyeron altos terraplenes para poner fin a los frecuentes desbordamientos, acabando así con un problema endémico. Varios emperadores, entre ellos, Augusto, Trajano y Aureliano, ya habían planeado y puesto en marcha diversas medidas para acabar con estas periódicas y devastadoras inundaciones del río cuyas caprichosas crecidas convertían algunas zonas en fangales insalubres infestados de mosquitos,  al arrastrar  lodos amarillentos que le dieron el pintoresco nombre de Biondo Tevere, el rubio Tíber.
Los antiguos romanos honraron al Tíber como a un dios; el poeta Virgilio lo describe en la Eneida como el Pater Tiberinus, que se presenta a Eneas  bajo la apariencia de un anciano y le exhorta a cumplir su alta misión. Es así como podemos verlo representado en la escultura que se conserva en el Louvre de París:
Hoy todavía podemos observar, con un poco de imaginación, la extensión fangosa, el estanque fluvial donde Fáustulo, el pastor,  habría recogido, al pie de la ficus Ruminalis, la higuera Ruminal, a los gemelos abandonados a su suerte,  después de haber sido rescatados y amamantados por una loba;  pero dejemos hablar al propio Tito Livio:

Ita velut defuncti regis imperio in proxima alluuie ubi nunc ficus Ruminalis est—Romularem vocatam ferunt—pueros exponunt. Vastae tum in his locis solitudines erant.
Ab urbe condita I, 4
San Giorgio in Velabro (agosto 2010)
Se trata un lugar próximo al Foro Boario, en la zona cruzada por un riachuelo llamado Velabro, cuyo cauce lograron los romanos domar y canalizar en tiempos de los antiguos reyes, en  donde hoy encontramos una de las más bellas iglesias de Roma, San Giorgio in Velabro, al amparo de las hordas de turistas. Sobre un antiguo “diaconado”, centro de distribución de comida se erigió esta iglesia dedicada primero  a San Sebastián,  y más tarde a San Jorge, mártir cristiano en Palestina en el siglo VII; pero es tan hermosa y está rodeada de tantas maravillas que merece que le dedique íntegra una próxima entrada.

Fachada de San Giorgio in Velabro (agosto 2010)
Es un auténtico placer pasear por este lugar haciendo el ejercicio mental de recrear la escena; es lo que tiene Roma, cualquiera de sus lugares es el espacio de un episodio legendario, como en este caso, o histórico. Conviene que el viajero interesado sepa ver con la imaginación más allá de lo que a simple vista parece ver con los ojos, porque el espíritu de esta ciudad se muestra tan sólo a quien pone el corazón en intentarlo.

lunes, 16 de enero de 2012

EL POLÍGRAFO DE LA ANTIGÜEDAD: LA BOCA DE LA VERDAD


Bocca della Verità

 Una de las mayores atracciones turísticas de Roma es, sin duda alguna, este primitivo “detector de mentiras” ante el que hordas de turistas hacen a diario colas interminables para sacarse una foto y, de paso, verificar la sinceridad del que se atreve a introducir su mano; como bien decía en su comentario el maestro Paco Hidalgo en la entrada que hice sobre la iglesia de Sta. María in Cosmedin a finales de diciembre:  ”Además,  suerte que los turistas se hacinan en la puerta para la foto en la boca de la veritá y no en el interior”. Y es que, desgraciadamente, para la mayoría,  el verdadero imán de esta maravillosa iglesia de Roma es el enigmático objeto emplazado en su pórtico a partir de 1637, año en que la pieza fue hallada en las proximidades; una vez hecha la foto, los turistas se introducen en la iglesia por la puerta de acceso situada allí mismo con el único afán de encontrar la de salida, ajenos a la belleza del interior y son  sólo unos pocos los que dedican tiempo a admirar la auténtica joya que es este templo. Bien es verdad que a este extraordinario  éxito de visitantes contribuyó decisivamente la película norteamericana  “Vacaciones en Roma”(1953)  donde una jovencísima Audrey Heburn, en el papel de una princesa extranjera  en visita oficial a la ciudad, que, cansada y aburrida de un agotador programa oficial de actos, decide escapar una noche de palacio para iniciar un periplo por la ciudad; el encuentro casual con un Gregory Peck, que interpreta a un periodista americano destacado en la ciudad y que se ve obligado a cubrir el histórico evento de la principesca visita, hará que la pareja visite algunos de los lugares más emblemáticos de Roma, entre  los cuales destaca el divertido momento de la Boca de la Verdad; dicen que Audrey Hepburn desconocía la historia del lugar y que Peck le gastó una broma, que tanto gustó al director, William Wilder, que no dudó en meter la escena en la película. Supongo que muchos conocerán la deliciosa película de la que hablo y también la escena en cuestión; para aquellos que no, dejo aquí el enlace:
El film se llevó tres premios Oscar, y uno de ellos para fue precisamente  para la actriz, que bordó como nadie su primer papel como protagonista y que demostró sus innatas cualidades para la interpretación; fotogramas de esta inolvidable  película aparecen reproducidos por toda Roma, confirmando el homenaje que Wilder quiso rendir a la ciudad, a la que convirtió, intencionadamente, en una protagonista más del film.
Pero veamos la historia de esta pieza que tantas visitas y visitantes atrae;  conocida como “Bocca della Verità”, Boca de la Verdad, se trata de un disco de mármol, de casi dos metros de diámetro  y cuyo nombre se debe a una leyenda popular que cuenta que la “Bocca” muerde la mano de los mentirosos. De difícil datación histórica, representa el rostro masculino  de un hombre o de un dios, barbado y con los ojos, la nariz y la boca perforados; entre las distintas hipótesis se apunta al dios Océano, o alguna divinidad marina o fluvial, a lo que apuntan en la parte superior del rostro una pinzas de cangrejo en el centro y la representación de un delfín a la izquierda. Otras teorías nos hablan de que es posible que la pieza represente la simbólica forma solar de Fauno, una divinidad itálica, identificada también con el dios Silvano, divinidad de selvas y bosques, y hasta con el dios griego Pan. Fauno era un dios solar de los campos y los rebaños, dotado de grandes poderes, desde el poder de generar y dar salud, hasta el de predecir el futuro, relacionado siempre con la naturaleza agreste de los bosques y el agua; conocido también como “Lupercus”, el que aleja a los lobos, en su honor se celebraba el 15 de febrero un ritual importante previo a las fiestas “lupercalia”.  En el curso de una procesión los sacerdotes lupercos, desnudos y  provistos de correas hechas con la piel de una cabra recién inmolada, azotaban a las mujeres que hallaban a su paso, en la creencia de volverlas fecundas.
Fauno, cuyo nombre “qui favet”, favorable, bienhechor,  recibió en Roma gran atención y a él le fueron dedicados varios templos y fiestas propiciatorias, las “faunalia”, en las que se sacrificaban un mastín y un macho cabrío, con ofrendas de vino y leche; se buscaba así que el dios propiciase buenas cosechas, buena caza y buena pesca y que alejase a los lobos de los ganados.  Bajo esta identificación se explicarían las pinzas de cangrejo como cuernos de cabra y su forma redonda constituiría un símbolo propiciatorio para la agricultura; igualmente se cree reconocer, a los lados de la cara, dos perfiles de cabezas de lobos y hasta testículos bajo la barba, como símbolo de fuerza viril y de generación.
Mucho se ha discutido también sobre su funcionalidad y utilidad; conocida a veces como “la alcantarilla más famosa del mundo”, se ha dicho que era una antigua pieza del pozo, como un registro o tapa de drenaje relacionado con la misma Cloaca Máxima, como el frontal de  una fuente, la cubierta de un pozo sagrado o un colector a agua; a esta última hipótesis habría contribuido el verso del poeta Propercio, en el libro II de sus “Elegías”, poema  XXXII:
“cum  subito Triton ore recondit  aquam” ("cuando de repente Tritón por la boca esconde el agua")
Las leyendas que circulan sobre la Boca de la Verdad  tratan de justificar el nombre de este curioso mascarón; en muchos casos nos hablan de maridos celosos que, haciendo que sus esposas metiesen la mano en la Boca, probaban  y comprobaban su fidelidad y ponían fin a sus dudas sobre posibles traiciones. Otras nos cuentan cómo en época medieval  los reos  juzgados por mentirosos y  hallados culpables eran obligados por los jueces a meter su mano en la Boca, tras la cual esperaban apostados verdugos que, de un tajo, se la cercenaban; se confirma así lo acertado de la sentencia.
Hoy en día acercarse a la Boca de la Verdad es cita obligada para cualquiera que visita la Ciudad Eterna, con el consiguiente testimonio gráfico del “yo estuve allí”; no faltan por todos  los tenderetes y puestos callejeros de venta de recuerdos mil y una representaciones de la “Bocca”, de dudoso gusto en muchas ocasiones, pero ante las que se hace difícil resistirse a comprar alguna; si a ello unimos la creencia de que la función de la Boca es alejar los maléficos sortilegios, exorcizar las influencias malignas, no podemos mostrar ningún reparo más para hacernos  con uno de estos “souvenirs”. Yo, lo reconozco, he cumplido con la tradición de introducir la mano (¡y hasta ahora no la he perdido!) y, de paso,  he sucumbido a la tentación, en más de una ocasión, de traerme alguno. Ya a la vuelta, colocado en una estantería, pierde su carácter “kitsch” y despliega su efecto evocador excitando constantemente, al contemplarlo, mi deseo de volver a Roma.

Mis souvenirs de la Bocca dell Verità (16 de enero 2012)

P.D. Quiero dedicar  esta entrada a mis alumnas y alumnos de 1º de bachillerato, con quienes esta misma mañana tuve la oportunidad de hablar de este tema al hilo de…un ejercicio de helenismos, porque yo siempre afirmo que en mis clases se entremezclan” lo humano y lo divino”, y con quienes espero en breve realizar la visitar y comprobar su “sinceridad”.

sábado, 31 de diciembre de 2011

ANNUS NOVUS FAUSTUS FELIXQUE VOBIS SIT!

Moneda con Jano bifronte
Llegado este día bisagra que da el adiós a un año que se va y a uno nuevo que entra cargado de esperanzas, no puedo menos que referirme en la entrada de hoy a uno de los dioses más antiguos del panteón romano, un dios bifronte al que se le representa siempre por medio de una cabeza  con dos caras opuestas, una que mira hacia delante, y la otra, hacia atrás: es  el dios Jano.
Era Jano dios de la entrada y del tránsito, de las puertas  de las casas y de las ciudades, protector de las entradas y las salidas; la mitología lo hace, en ocasiones, una divinidad indígena, y en otras, un extranjero procedente de Tesalia; desterrado en Roma y acogido cordialmente en la ciudad, habría erigido una ciudadela en la cima de la colina, que recibiría así el nombre de Janículo. Habría llegado incluso a reinar en el Lacio y se le atribuyen a su reinado las características de una auténtica Edad de Oro: honestidad ejemplar entre los hombres, paz, abundancia,… Se le tiene por el iniciador de la navegación en barcos y hasta por  el inventor de la moneda, y prueba de ello es que las monedas romanas de bronce más antiguas representan en su anverso una efigie de Jano y, en el reverso una proa de barco. Habría sido Jano un dios civilizador, que enseñó a los hombres las ciudades, las leyes, el cultivo de la tierra,… todo en suma.
De su nombre proviene el nombre del mes de enero en castellano y en otros idiomas (January en inglés, xaneiro en gallego, janeiro en portugués, ...), el mes dedicado al dios Jano; al segundo rey de Roma, Numa Pompilio,  se le atribuyen, entre otras muchas reformas culturales y religiosas, la institución de un calendario de doce meses lunares, con la adición de los meses de enero y febrero al calendario primitivo de diez meses.
A su muerte Jano fue divinizado y su templo se levantaba en el Foro Romano; era fama que, para conmemorar su intervención milagrosa  en la salvación de la ciudad cuando a punto había estado de caer en manos de los enemigos sabinos, su templo tendría la puerta siempre abierta para que el dios pudiese acudir siempre en auxilio de los romanos, de tal modo que esta puerta sólo se cerraba cuando reinaba la paz en el imperio Romano y, en verdad, pocas fueron las ocasiones en que esta puerta estuvo cerrada.
Pero  también se le veneraba en otros lugares de Roma y a uno de ellos, interesantísimo,  callejeando, nos dirigiremos ahora.

Fachada de S. Nicola in Carcere (agosto 2010)

Muy cerca del río Tíber, en la zona del Foro Holitorio, el antiguo mercado de verduras y hortalizas, junto al hermoso Teatro de Marcelo,  nos encontramos con una curiosa iglesia medieval construida sobre los restos de tres templos romanos que miraban hacia la colina del Capitolio: San Nicola in Carcere. El  templo sur, el más pequeño, es también el edificio más antiguo y probablemente estuviese dedicado a Spes, Esperanza;  seis de sus columnas aún hoy son visibles en el muro exterior, en el lado izquierdo de la iglesia.

Restos del templo de Spes (agosto 2010)

El templo central probablemente es el más reciente de los tres y fue añadido el último; algunos de sus restos son visibles todavía hoy bajo la iglesia, cerca del ábside: muy probablemente el templo estaba dedicado a Juno Sospita, la protectora de los nacimientos.

Interior de S. Nicola in Carcere (agosto 2010)

El templo norte es el mejor conservado; está situado a la derecha de San Nicola in Carcere. Se alzaba sobre un podio recubierto de bloques de mármol travertino y estaba precedido de una escalera. Probablemente el templo estaba dedicado a Jano y, según las fuentes, estaba localizado junto al Teatro de Marcelo. Construido en época republicana, durante la Primera Guerra Púnica, por Dulio, el triunfador de la batalla de Myla, fue reconstruido en varias ocasiones hasta época de Adriano.

Restos del templo de Jano, junto a S. Nicola (agosto 2010)

Sobre la base de estos templos, en el año 1000, fue construida la iglesia, dedicada a continuación a San Nicolás, en 1128, con el añadido de “in carcere”, es decir, en la cárcel, en recuerdo, quizás, de la vecina Cárcel Mamertina; otra hipótesis nos habla de que la denominación proviene de que  el propio lugar pudo haber sido usado como prisión, antes de haber sido iglesia. Hoy está dedicada a San Nicolás de Mira, al que la comunidad griega, de antiguo establecida en esta área próxima al Foro Boario, tenía gran devoción. Y de nuevo el motivo de estas fiestas navideñas nos asalta, pues San Nicolás de Mira es más conocido en Occidente como San Nicolás de Bari;  el santo había muerto en la ciudad de Myra (Turquía), pero sus restos fueron trasladados a la localidad italiana de Bari.
Este San Nicolás ha gozado y goza de gran celebridad y devoción tanto en Oriente como en Occidente y a él hay dedicados más de dos mil templos en todo el mundo. La tradición nos habla de su carácter afable, piadoso y generoso, especialmente con niños y jóvenes, y entre sus múltiples milagros atribuidos se nos narra uno especialmente curioso: sabedor el santo de las dificultades  económicas  de tres muchachas para tener dote, sin ser visto,  dejó caer por la chimenea de su casa monedas de oro que, ¡oh, casualidad! , fueron a caer en las medias de lana que las jovencitas habían dejado a secar junto al fuego por la noche. De aquí al Santa Claus que la noche previa a la Navidad visita los hogares dejando para los más pequeños regalos, no media nada.
Además no podemos olvidar que los antiguos romanos celebraban en estas fechas las Saturnales, festividades en honor al dios Saturno, en las que entre el 17 y el 23 de diciembre se adornaban las casas con plantas, se encendían velas, se celebraban banquetes y entre amigos y familiares se intercambiaban obsequios, para concluir el día 25 con la fiesta del  Dies natalis Solis Invicti, el festival del nacimiento del Sol Inconquistado, cuando el sol entra en el signo de Capricornio, el  solsticio de invierno, dando fin al momento más oscuro del año.
Y así hilando, como en una guirnalda navideña, fragmentos de Historia romana con pequeñas historias de mitología, pinceladas de Arte con Arqueología, tradiciones de remotos orígenes que perviven hoy, hemos llegado al final. Sólo me queda, amig@s bloguer@s, cuando quedan unas horas para la cuenta atrás, desearos un venturoso Año Nuevo 2012, que traiga para todos mucha salud, esperanza en el futuro y paz para mujeres y hombres de buena voluntad.
Que el Año Nuevo sea para vosotros próspero y feliz!
Gracias por estar ahí y mil bicos.
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