"Roma está llena de leyendas que lo único que pretenden es engrandecer aún más su historia. Es como si la vieja ciudad dudara de su belleza, y hubiera encontrado en el pábulo un alimento para sobrevivir, un método de rejuvenecimiento" Emilio Calderón
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domingo, 3 de febrero de 2013

La Fontana de Trevi (I): la venganza de un arquitecto



  
Al hablar de la Fontana de Trevi en Roma parecería  hasta imposible aportar algo nuevo a todo lo dicho ya de este archiconocido enclave de la Ciudad Eterna, lugar de visita obligada por ser uno de los lugares más espectaculares;  catapultada a la fama internacional desde que Federico Fellini  lo convirtiera en el escenario del mítico  baño nocturno de la exuberante Anita Ekberg  junto a Marcello Mastroianni en su película La dolce vita (1960) y  reproducida en láminas, fotografías, calendarios, pisapapeles y otros cachivaches de dudoso gusto, la famosísima Fontana de Trevi se ha convertido en todo un icono de la capital italiana.
En un intento por recorrer la historia real de esta monumental Fuente de los Deseos, empezaré por remontarme a sus orígenes romanos para terminar al fin con una de esas historias que tanto me gustan y que he dado en llamar, como este blog, “ se non è vero, è ben trovato".
Uno de los grandes problemas en época romana antigua era el abastecimiento de agua para la población; originariamente Roma se proveía de agua directamente del Tíber, con el peligro consiguiente de consumir agua contaminada. De ahí surge  la necesidad de traerla  desde lugares alejados de la urbe que garantizasen su perfecta potabilidad,  por tratarse de manantiales de agua pura, a través de acueductos construidos a partir de finales del s. IV a. C.
La leyenda nos cuenta que  en el 19 a. C. los  sedientos soldados del general Agripa, yerno del emperador Augusto,  fueron advertidos por  una virgen,  una  virgo, una joven  doncella,  de la presencia de un manantial de agua purísima a unos 22 km de la ciudad, que a partir de este momento proveyó el acueducto  llamado Aqua Virgo,  uno de los trece que hubo en la ciudad,  y que recorría un trayecto de más de veinte kilómetros , la mayoría de ellos bajo tierra. El momento en que la joven mostraba el lugar donde manaba el agua a las tropas romanas quedaría  reflejado,  años  más tarde, en la propia  fachada de la Fontana de Trevi.
 Estos acueductos, excelentes ingenios de la tecnología de la época,  fueron utilizados hasta la caída del  Imperio Romano, momento en que empezaron a caer en desuso por el abandono de su mantenimiento  hasta que en parte fueron destruidos en el año 537 d.C. , momento en que los godos asediaron Roma y destrozaron estas conducciones con el fin de rendir por sed fácilmente a los sitiados; en la Edad Media los romanos se vieron  obligados a aprovisionarse de agua extrayéndola de pozos contaminados y del propio Tíber, que simultáneamente era usado como cloaca; esto, lógicamente,  lo convertía en un foco de graves  infecciones y un peligro permanente  para la salud de los ciudadanos.
 Más tarde, durante el Renacimiento,  se revivió en Roma  la costumbre  de erigir una bella fuente al final de los acueductos que  conducían el agua a la ciudad y así,  en 1453,  el papa Nicolás V hizo reparar este acueducto  en cuyo término levantó una simple pila, obra de León Battista Alberti,  para recibir el agua.
El nombre de Fontana de Trevi procede de su situación, en la confluencia de tres vías (trivium),  aunque otra leyenda alude al nombre de la virgen romana  Trivia, responsable de su hallazgo,  como explicación;  escondida entre estrechas  calles, el efecto de su monumentalidad se hace más patente al visitante que se topa, de repente, con este gigante de travertino en una plaza que sorprende por su pequeño tamaño. Según uno se acerca  a ella, el rumor de agua anticipa su presencia pero la sorpresa que causa, de repente,  su espectacular  tamaño y apariencia impresiona sobremanera en ese juego de efectismo tan propio del Barroco; a mí, en particular, me gusta llegar a ella descendiendo desde el Quirinal, por un laberinto de callejuelas que potencia la experiencia del encuentro. La primera vez que la ves, no hay ojos para tanta belleza… y te sobran turistas en torno a ella; y es que la visites cuando la visites, un enjambre de personas se congrega a su alrededor, como si en ningún momento  del día ni de la noche  fuese a quedar desierta. Pero tal es su atractivo que te conformas con compartirla con la multitud, ¡qué remedio!
La Fontana, tal y como la conocemos hoy, es obra del arquitecto Nicola Salvi, después de que varios papas y varios proyectos antes tuviesen intención de construir una fuente monumental aquí, incluyendo uno del propio Bernini;  quien dio su aprobación al proyecto de Salvi fue  finalmente el papa Clemente XII, cuyo blasón es visible en la parte superior de la fuente  flanqueado a  cada lado por dos ángeles heraldos con trompetas, en un fenomenal  alarde propagandístico. La costosa construcción se demoró durante treinta años, de 1732 a 1762, y su arquitecto murió antes de ver concluida su obra; su delicada salud se vio resentida por  los constantes trabajos en los conductos subterráneos de agua donde la humedad hizo mella en sus problemas pulmonares crónicos. Habría de continuar la obra Giuseppe Pannini siguiendo los planos originales de Salvi, a quien se deben los relieves alusivos al legendario hallazgo del manantial de agua pura en la parte superior de la Fontana.
Una de las cosas que hacen a la Fuente de Trevi espectacular es su disposición literalmente “teatral”: como telón de fondo encontramos la fachada sur del Palacio Poli, un auténtico desconocido para los turistas, eclipsado por la grandiosidad de la fuente, al tiempo que en torno a ella, a modo de escenario,  se disponen gradas en semicírculo para que los asistentes puedan contemplar la gran representación de agua y piedra que constituye una de las obras cumbre del Barroco italiano. Pero veamos ahora quiénes son los actores y actrices principales de este derroche de imaginación en mármol travertino.

Océano o Neptuno en la Fontana (agosto 2010)

Una hermosa hornacina central se dibuja detrás del  gran protagonista, la figura majestuosa de un dios Océano o Neptuno, señor poderoso de los mares y las aguas,  que emerge en una gigantesca concha de la que, a modo de carro,  tiran a ambos lados dos caballos marinos, uno encabritado y el otro tranquilo,  acompañados de dos figuras de tritones que intentan dominar a los corceles; estos, a su vez, representan los estados del mar, ora embravecido y violento, ora calmado y plácido, de cuyas riendas se ocupan seres del cortejo marino, mitad hombres, mitad peces, a los que se acostumbra a presentar soplando en conchas que les sirven de trompa, como podemos observar  en la figura de la derecha. La figura del dios con la vestimenta al viento, entre las magníficas formaciones rocosas naturales y los borboteos de las cascadas de agua, contribuye  a crear un espectáculo grandioso y festivo, un homenaje al poder salutífero y vivificador del agua como regalo de la Naturaleza; estas figuras son obra de dos escultores, Giovanni Maini,  quien las inició, y Pietro Bracci, que les dio fin;  la fuerza del Neptuno parece inspirada en el propio “Moisés” de Miguel Ángel, así como el corcel manso y apacible recuerda, sin duda alguna, el caballo de Bernini en la “Fuente de los Cuatro Ríos” de Piazza Navona, a la que la propia Fontana di Trevi abastece de agua.
A cada lado del majestuoso Neptuno se descubren dos hermosas figuras femeninas  de Filippo della Valle que dan forma en escultura a  las mismísimas palabras en latín de la inscripción del friso superior, bajo el blasón papal, con las que Clemente XII deja claro, en su propagandístico mensaje, su compromiso con la “Abundancia”,  COPIA, y la “Salubridad”, SALUBRITAS, a través de esta fuente:
CLEMENS XII PONT MAX
AQUAM VERGINEM
COPIA ET SALUBRITATE COMMENDATAM
CULTU MAGNIFICO ORNAVIT
ANNO DOMINI MDCCXXXV PONTIF VI
Tritón con caballo marino a la derecha de  la Fontana (agosto 2010)

Se trata de un programa iconográfico interesantísimo que vale la pena examinar detalladamente. A  la derecha podemos contemplar  a una joven mujer elegantemente vestida con delicados plegados;  se trata de Higía o Salus,  que  porta en su mano izquierda una lanza mientras en la derecha sostiene una copa por la que se enrosca una serpiente. Era esta diosa Higía  en la mitología griega la personificación de la Salud, la personificación de la higiene como práctica terapéutica preventiva,  y con frecuencia es considerada una de las hijas de Asclepio, dios de la Medicina; la diosa  Salus en Roma no es sólo la personificación de la Salud , sino, en general, la de la “conservación”, y, curiosamente, en tiempos  poseyó un templo en un lugar muy próximo a la Fontana, el Quirinal. Hoy en día esta copa o cáliz con una serpiente enroscada a su alrededor es universalmente considerada como símbolo de la profesión farmacéutica.
Alegoría de la Salubridad en la Fontana (agosto 2010)

A la izquierda del dios del mar descubrimos otra delicada escultura de mujer , alegoría de la Abundancia; a sus pies, de un cántaro mana agua y con las dos manos sostiene una Cornucopia, el  Cuerno de la Abundancia o de Amaltea, la ninfa nodriza de Zeus cuando era niño; cuenta la mitología que un día, mientras jugaba, Zeus quebró  un cuerno de la cabra que le suministraba la leche y se lo regaló a Amaltea con la promesa de que este se llenaría milagrosamente  de todos los frutos que deseara. De ahí la representación de un cuerno del que salen flores y frutos, símbolo omnipresente en lugares de toda  Roma.
Alegoría de la Abundancia en la Fontana (agosto 2010)

Sobre el conjunto escultórico encontramos una clara referencia a los orígenes míticos de la Fontana; dos relieves muestran sobre las figuras femeninas, a la derecha, el momento en que la joven virgen muestra a los soldados de Agripa el manantial, y, a la izquierda,  el general Agripa en persona examina y aprueba los planos de la obra. Y aún por encima de todo el grupo, junto a la inscripción del papa Clemente, cuatro esculturas femeninas, dos a cada lado, representan las Cuatro Estaciones.
Hoy en día las  cristalinas aguas de la Fontana de Trevi que, según alguna leyenda local, en otros tiempos  aseguraban a las romanas el amor de sus amados tras beber estos un sorbo, no son potables; la fuente se somete periódicamente a trabajos de limpieza, pulido y  desinfección con cloro para evitar la proliferación de microorganismos en el agua. Pero es posible  probarla, y confieso que es deliciosa, si acertamos a dar con los caños de unos surtidores dispuestos a ese fin; están ubicados, aunque poco visibles entre el gentío,  a la derecha del monumento junto a una farola y en las escalinatas, también a mano derecha,  que bajan hacia el borde de la pileta donde todos los turistas  se disponen a asegurarse el regreso a la Ciudad Eterna al módico precio de una moneda, eso sí, cumpliendo estrictamente con el ritual de arrojarla con la mano derecha sobre el hombro izquierdo y siempre  de espaldas a la fuente. Pero el origen de esta tradición, así como alguna otra curiosidad más  sobre la Fontana, que estoy segura que será de vuestro agrado, prometo que será  el tema de mi próxima entrada, porque esta me está saliendo ya demasiado larga.
Como comenté al principio de la entrada, Nicola Salvi no vivió para ver concluida su obra; pero sí se aseguró, antes de su muerte, de hacer eterna una pequeña “venganza”. Y así llegamos a esa otra historia discutiblemente vera, pero que espero que  resulte  para quien no la conozca bèn trovata y explicativa de un elemento  insólito que lo cierto es que sí existe, lo cual da verosimilitud a la leyenda.
Sobre la balaustrada que  circunda la Fontana, en su lado derecho, justamente en el ángulo con la  Via della Stamperia, está esculpida  una  enorme vasija de travertino, visible  desde la calle, pero imposible de ser advertida desde la misma fuente ya que en esta  posición su aspecto queda mimetizado con la estructura rocosa; su aspecto recuerda, cuando se la contempla, el símbolo correspondiente al As de Copas de la baraja española, de ahí que a este extravagante objeto se le conozca en Roma como L’Asso di Coppe. 

L'Asso di Coppe de la Fontana de Trevi (abril 2012)

 Y la pregunta lógica  de qué hace ahí surge inmediatamente  y aquí es donde se revela la curiosa explicación; cuentan que durante los trabajos de construcción de la Fontana el arquitecto Nicola Salvi se veía constantemente molestado por los comentarios de un barbero criticón y pedante cuyo establecimiento estaba situado precisamente frente  a ese lugar de la baranda y donde a diario el artista acudía para ser afeitado. Exasperado por las continuas críticas del insufrible rapabarbas sobre su hermosa Fontana, Salvi tomó la decisión de impedirle la vista de su obra y en una noche hizo construir la enorme vasija, que le ocultó por completo la perspectiva desde la fachada de su barbería y le privó así  para siempre  de la belleza  de su magnífica fuente como venganza  ad aeternum.  Yo misma he comprobado in situ que resulta imposible disfrutar del espectáculo de la Fontana desde allí  e invito a mis amables lectores a hacerlo ellos mismos cuando tengan oportunidad; hoy ya no existe la barbería, aunque dicen que hasta no hace mucho sí hubo una, pero lo que yo pude ver fue tan sólo el local  de una vieja mercería y otro bajo junto a este con una persiana metálica bajada y un toldo-letrero, “Stampe Cornicsouvenir”. Corresponden, respectivamente,  a los números 83 y 84 de la Via della Stamperia, un poco más allá de una antiquísima farmacia, la Farmacia Pesci,  fondata nel 1552, como reza en su fachada, y de la conocida tienda de calzado  “Angelo”, datos que ayudarán a localizar más fácilmente el lugar para quien se anime a las pesquisas.
Sea o no cierta la leyenda, el caso es que es difícil explicar la extraña presencia de este elemento  que nada tiene que ver con el tema de la fuente y que no encuentra tampoco  correlato en el lado izquierdo de la balaustrada; en cuanto a lo que significa o pudiera representar, también aquí se apunta  una explicación que vendría a corroborar  la misma historia del fígaro maledicente ya que quizá se trata de la bacía o recipiente donde el barbero “montaba” la espuma de jabón para su trabajo.
Y por hoy hemos llegado al final de esta Historia con  “historia”, que dejo a vuestro criterio decidir si es vera, o si, por lo menos,  ha sido ben trovata;   tan sólo me queda daros las gracias, amables lectores, por vuestra paciencia y  espero reencontrarme con tod@s vosotr@s en la próxima entrada sobre esta inagotable Fuente de historias que es la Fontana de Trevi.





domingo, 16 de diciembre de 2012

Un arco en tiempos de crisis: el Arco de Constantino.


Arco de Constantino. (agosto 2010)


A la situación de  terrible crisis económica  como la que padecemos en la actualidad no fue tampoco ajena la historia del Imperio romano,  en la que a periodos de bonanza le sucedieron otros de  brutal decadencia. Este será  el punto de partida para la entrada de hoy, que quiero dedicar a mi amiga y colega, profesora de Arte en el instituto,  pues  fue precisamente ella  quien me la sugirió durante nuestro último viaje a Roma el pasado mes de abril, mientras nos explicaba con detalle el Arco de Constantino;  este se alza imponente junto al Coliseo  y quien lo desee admirar  en su conjunto tendrá una  excelente perspectiva  si lo  hace desde el balcón-mirador de la primera planta del Anfiteatro Flavio, visión  que podrá completar  a ras de suelo para advertir los interesantes  detalles. Pero no adelantemos acontecimientos y empecemos nuestra  historia ab ovo y no in medias res, es decir, por el principio y no por la mitad.
En la mentalidad romana el arco llegó a cobrar tal importancia que se convirtió en un monumento  en sí mismo, el “arco de triunfo”;  es muy probable que  la idea de construir un arco tenga su origen en la tradición de celebrar  un triunfo, cuando después de una campaña o guerra victoriosa, se hacía desfilar oficialmente al general  vencedor con sus tropas atravesando una puerta simbólica, una Porta Triumphalis  como aquella de la que nos hablan las fuentes antiguas que había  en Roma, utilizada en ocasiones de cortejo triunfal o para ceremonias de particular relevancia como en el caso de los funerales del emperador Augusto, y  que todavía hoy se puede contemplar en  uno de los relieves de nuestro arco protagonista.
Relieve con la Porta Triumphalis (agosto 2010)

A la simple estructura arqueada se le añadió con frecuencia un aparato decorativo con columnas, arquitrabe y hasta un ático que serviría de apoyo de trofeos y cuadrigas; este conjunto perfecto constituye el elemento estético de este tipo de “arquitectura de propaganda”. De hecho, en época imperial, todos los arcos del mundo romano incorporarán la decoración en relieve como parte de un preciso programa propagandístico.
Son notabilísimos los ejemplos de arcos en el Foro romano:  el Arco de Tito, soberbio ejemplo  de un solo arco, construido en el 81 d. C.,  que elogia las victorias del emperador Tito sobre los judíos, y el Arco de Septimio Severo, un arco de tres vanos erigido en el 203 d. C. para conmemorar las victorias militares de Septimio Severo y sus hijos Caracalla y Geta contra los partos; este último llegó a  servir de inspiración para el arco de Constantino que ahora nos ocupa.
Estas construcciones pétreas propias del arte triunfal solían ser construidas ex novo,  pero  en ocasiones se reutilizaron monumentos ya existentes cuya decoración fue modificada para adecuarse al mensaje propagandístico que se quería transmitir; es de suponer que las condiciones económicas de cada momento fueron determinantes para la erección de un  arco totalmente nuevo o, por el contrario, para el reaprovechamiento de materiales anteriores expoliados de otros arcos, como sucede en el caso del arco de Constantino. Averigüemos ahora que sucedió con el protagonista de nuestra historia de hoy.
Desde el  s. III d. C., el Imperio Romano había comenzado a debilitarse como consecuencia de una aguda crisis política, agravada por los crecientes problemas económicos;  al final de las grandes conquistas que proporcionaban ricos botines y abundancia de esclavos se unió una disminución del comercio y un aumento desorbitado de los impuestos. Todo ello provocó una fuerte inflación, la moneda perdió todo su valor y el Estado se vio obligado a cobrar tributos en especies y servicios; es posible afirmar que los problemas económicos habrían comenzado en el s. II d. C. cuando mucha riqueza fue invertida en monumentos públicos con el fin de ganar prestigio.  El antiguo modelo económico del Imperio Romano sufrió tan radical trasformación que se debilitaron incluso los cimientos de la estructura de su, antes, poderoso Estado;  la devastación de las provincias, la fragmentación del  Imperio Romano y la pérdida de territorios donde el enemigo se instala de manera definitiva dañaron irremediablemente la capacidad productora del Imperio. Si a eso unimos que la anarquía militar mató la seguridad de las rutas marítimas y terrestres, provocando, como consecuencia, una crisis en los transportes que acarreará una doble parálisis en la actividad industrial y en la comercial, a la que se une como coadyuvante la reaparición de la piratería. En medio de este desorden general, de este desbarajuste universal que aumenta los gastos al tiempo que agota los ingresos, cada vez más mermados, la crisis monetaria, ya antes sensible, no hará más que acentuarse:  una inflación gigantesca que traerá consigo una subida desmesurada de los precios y una especulación intensa en la que se llega a especular con todo.
De este modo, la economía de todo el Imperio entró en una crisis tan profunda que podría ser catalogada de “crisis total” y de la que ya no sería capaz de levantar cabeza hasta su hundimiento; este ambiente general de calamidades  y desgracias por doquier quedan perfectamente reflejadas en las palabras del biógrafo del emperador Galieno:   “Jamás hubo menos esperanza de salvación”.
Asimismo, en medio de este contexto económico en declive,  en el terreno político  Constantino, quien en el 306 había sido proclamado emperador en Britania por las tropas allí destacadas,  hubo de librar durísimos combates con sus rivales hasta que se hizo con el control de Roma y  se aseguró  la posesión de todo el Occidente después de vencer a Majencio  en la batalla del Ponte Milvio en el 312 d. C.; su finalidad era reconstruir en provecho propio la unidad imperial.  Precisamente el arco de Constantino fue construido en honor a él en el 315 d. C para conmemorar esta batalla y para honrar al propio emperador en sus  Decenalia,  la fiesta que celebraba sus diez años de gobierno. Este arco de tres vanos, el central mayor y dos más pequeños  flanqueándolo, con seguridad se trata de un monumento más antiguo ; las últimas investigaciones demuestran que  Constantino pudo haber tomado como punto de partida un arco anterior, quizá uno de una sola puerta de la época Flavia, para transformarlo y modificarlo en uno de tres, y que algunos de los medallones  de Adriano podrían formar parte ya de ese monumento anterior.
El arco tiene tiene en  el  ático una inscripción alusiva al hecho histórico de su creación y  la mayor  parte de sus materiales fue saqueada de otros monumentos y arcos de diferentes lugares y épocas, en un momento en que se habían ya agotado las canteras de mármol.  Esto explica la dispar cantidad de elementos decorativos  de varia procedencia  que podemos encontrar:   en las caras norte y sur las esculturas de prisioneros dacios fueron  traídas del Foro de Trajano así como los paneles  también de la misma época procedentes originariamente de la Basílica Ulpia;  los ocho medallones de la época de Adriano pudieran proceder de un templo dedicado a Antínoo, el joven discípulo y favorito del emperador, con escenas de caza y sacrificios;  los ocho relieves  de Marco Aurelio que decoran el ático formaron parte , probablemente,  del  Arco Panis  Aurei que en el Capitolio conmemoraba las victorias  de este emperador sobre los germanos y en los que ¡el rostro fue retocado para hacer que se pareciese  a Constantino!
Queda  por resolver la pregunta de cuánto en el arco pertenece realmente a la época de Constantino;  también aquí los expertos han hallado la respuesta.  El proyecto, que fue concluido durante el mandato del emperador, seguía un plan único y muy preciso y tenía un mensaje muy claro que proclamar: Constantino es el centro de la historia del  Imperio,  convirtiéndose así a la vez en continuador y renovador de sus predecesores. A su época pertenecen la decoración de los pedestales, las enjutas de los arcos con Victorias aladas y deidades fluviales y estacionales, los frisos que corren por encima de los arcos menores y a media altura en los lados cortos, donde se narran episodios de la vida de Constantino, entre ellos la victoria del Ponte Milvio  con el emperador como protagonista,  y los dos medallones de los lados cortos.
Toda esta amalgama de elementos diversos  se distribuye, sin embargo,  de  una manera armoniosa y cuidadosamente estudiada; así en el lado sur, orientado hacia las afueras de la ciudad, se presentan episodios de guerra, mientras que en  el lado norte, hacia el Coliseo y el centro de la ciudad, encontramos episodios de paz y escenas de vida pública.
 El arco se convierte  de este modo  en una brillante síntesis de la evolución del relieve histórico romano que ilustra sus etapas más significativas; en palabras de John Fleming, “El Arco de Constantino casi podría haber sido diseñado para resistir como el  epílogo de los seiscientos años de historia del arte helenístico y romano”. Con el fin de situar los elementos citados, recomiendo consultar  este enlace:
Y, siguiendo en la línea de recomendaciones, no puedo dejar de aconsejaros, amables lectores,  la visita a una página excelente, tanto por sus magníficas fotografías en detalle como por sus textos, para ilustrar con todo lujo de detalles este arco y gracias a la cual he podido refrescar mis recuerdos y disfrutar  de toda su belleza:
Las profundas  transformaciones que se sucedieron en los terrenos de la política, de la economía y de la sociedad trajeron consigo también un cambio de mentalidad y de estética; se abandonan,  progresivamente  a partir del período de la anarquía militar y claramente ya en la época de Constantino, los elementos claves de la escultura clásica: el canon, el ambiente y el paisaje; frente a la gradación de planos para sugerir profundidad se recurre a un altorrelieve sin casi otros planos intermedios, a la isocefalia,  al drapeado simplificado y esquemático, a las composiciones  jerárquicas y simétricas frente a la mayor complejidad y naturalismo de la época anterior.
Medallones de Adriano y Friso de Constantino (agosto 2010)

A partir de ahora en el arte importa más un simbolismo claro y fácilmente legible antes que la precisión y la complejidad de épocas anteriores aunque esto suponga abandonar la belleza formal, con lo que se abre paso  a las formas de representación medieval.

lunes, 16 de enero de 2012

EL POLÍGRAFO DE LA ANTIGÜEDAD: LA BOCA DE LA VERDAD


Bocca della Verità

 Una de las mayores atracciones turísticas de Roma es, sin duda alguna, este primitivo “detector de mentiras” ante el que hordas de turistas hacen a diario colas interminables para sacarse una foto y, de paso, verificar la sinceridad del que se atreve a introducir su mano; como bien decía en su comentario el maestro Paco Hidalgo en la entrada que hice sobre la iglesia de Sta. María in Cosmedin a finales de diciembre:  ”Además,  suerte que los turistas se hacinan en la puerta para la foto en la boca de la veritá y no en el interior”. Y es que, desgraciadamente, para la mayoría,  el verdadero imán de esta maravillosa iglesia de Roma es el enigmático objeto emplazado en su pórtico a partir de 1637, año en que la pieza fue hallada en las proximidades; una vez hecha la foto, los turistas se introducen en la iglesia por la puerta de acceso situada allí mismo con el único afán de encontrar la de salida, ajenos a la belleza del interior y son  sólo unos pocos los que dedican tiempo a admirar la auténtica joya que es este templo. Bien es verdad que a este extraordinario  éxito de visitantes contribuyó decisivamente la película norteamericana  “Vacaciones en Roma”(1953)  donde una jovencísima Audrey Heburn, en el papel de una princesa extranjera  en visita oficial a la ciudad, que, cansada y aburrida de un agotador programa oficial de actos, decide escapar una noche de palacio para iniciar un periplo por la ciudad; el encuentro casual con un Gregory Peck, que interpreta a un periodista americano destacado en la ciudad y que se ve obligado a cubrir el histórico evento de la principesca visita, hará que la pareja visite algunos de los lugares más emblemáticos de Roma, entre  los cuales destaca el divertido momento de la Boca de la Verdad; dicen que Audrey Hepburn desconocía la historia del lugar y que Peck le gastó una broma, que tanto gustó al director, William Wilder, que no dudó en meter la escena en la película. Supongo que muchos conocerán la deliciosa película de la que hablo y también la escena en cuestión; para aquellos que no, dejo aquí el enlace:
El film se llevó tres premios Oscar, y uno de ellos para fue precisamente  para la actriz, que bordó como nadie su primer papel como protagonista y que demostró sus innatas cualidades para la interpretación; fotogramas de esta inolvidable  película aparecen reproducidos por toda Roma, confirmando el homenaje que Wilder quiso rendir a la ciudad, a la que convirtió, intencionadamente, en una protagonista más del film.
Pero veamos la historia de esta pieza que tantas visitas y visitantes atrae;  conocida como “Bocca della Verità”, Boca de la Verdad, se trata de un disco de mármol, de casi dos metros de diámetro  y cuyo nombre se debe a una leyenda popular que cuenta que la “Bocca” muerde la mano de los mentirosos. De difícil datación histórica, representa el rostro masculino  de un hombre o de un dios, barbado y con los ojos, la nariz y la boca perforados; entre las distintas hipótesis se apunta al dios Océano, o alguna divinidad marina o fluvial, a lo que apuntan en la parte superior del rostro una pinzas de cangrejo en el centro y la representación de un delfín a la izquierda. Otras teorías nos hablan de que es posible que la pieza represente la simbólica forma solar de Fauno, una divinidad itálica, identificada también con el dios Silvano, divinidad de selvas y bosques, y hasta con el dios griego Pan. Fauno era un dios solar de los campos y los rebaños, dotado de grandes poderes, desde el poder de generar y dar salud, hasta el de predecir el futuro, relacionado siempre con la naturaleza agreste de los bosques y el agua; conocido también como “Lupercus”, el que aleja a los lobos, en su honor se celebraba el 15 de febrero un ritual importante previo a las fiestas “lupercalia”.  En el curso de una procesión los sacerdotes lupercos, desnudos y  provistos de correas hechas con la piel de una cabra recién inmolada, azotaban a las mujeres que hallaban a su paso, en la creencia de volverlas fecundas.
Fauno, cuyo nombre “qui favet”, favorable, bienhechor,  recibió en Roma gran atención y a él le fueron dedicados varios templos y fiestas propiciatorias, las “faunalia”, en las que se sacrificaban un mastín y un macho cabrío, con ofrendas de vino y leche; se buscaba así que el dios propiciase buenas cosechas, buena caza y buena pesca y que alejase a los lobos de los ganados.  Bajo esta identificación se explicarían las pinzas de cangrejo como cuernos de cabra y su forma redonda constituiría un símbolo propiciatorio para la agricultura; igualmente se cree reconocer, a los lados de la cara, dos perfiles de cabezas de lobos y hasta testículos bajo la barba, como símbolo de fuerza viril y de generación.
Mucho se ha discutido también sobre su funcionalidad y utilidad; conocida a veces como “la alcantarilla más famosa del mundo”, se ha dicho que era una antigua pieza del pozo, como un registro o tapa de drenaje relacionado con la misma Cloaca Máxima, como el frontal de  una fuente, la cubierta de un pozo sagrado o un colector a agua; a esta última hipótesis habría contribuido el verso del poeta Propercio, en el libro II de sus “Elegías”, poema  XXXII:
“cum  subito Triton ore recondit  aquam” ("cuando de repente Tritón por la boca esconde el agua")
Las leyendas que circulan sobre la Boca de la Verdad  tratan de justificar el nombre de este curioso mascarón; en muchos casos nos hablan de maridos celosos que, haciendo que sus esposas metiesen la mano en la Boca, probaban  y comprobaban su fidelidad y ponían fin a sus dudas sobre posibles traiciones. Otras nos cuentan cómo en época medieval  los reos  juzgados por mentirosos y  hallados culpables eran obligados por los jueces a meter su mano en la Boca, tras la cual esperaban apostados verdugos que, de un tajo, se la cercenaban; se confirma así lo acertado de la sentencia.
Hoy en día acercarse a la Boca de la Verdad es cita obligada para cualquiera que visita la Ciudad Eterna, con el consiguiente testimonio gráfico del “yo estuve allí”; no faltan por todos  los tenderetes y puestos callejeros de venta de recuerdos mil y una representaciones de la “Bocca”, de dudoso gusto en muchas ocasiones, pero ante las que se hace difícil resistirse a comprar alguna; si a ello unimos la creencia de que la función de la Boca es alejar los maléficos sortilegios, exorcizar las influencias malignas, no podemos mostrar ningún reparo más para hacernos  con uno de estos “souvenirs”. Yo, lo reconozco, he cumplido con la tradición de introducir la mano (¡y hasta ahora no la he perdido!) y, de paso,  he sucumbido a la tentación, en más de una ocasión, de traerme alguno. Ya a la vuelta, colocado en una estantería, pierde su carácter “kitsch” y despliega su efecto evocador excitando constantemente, al contemplarlo, mi deseo de volver a Roma.

Mis souvenirs de la Bocca dell Verità (16 de enero 2012)

P.D. Quiero dedicar  esta entrada a mis alumnas y alumnos de 1º de bachillerato, con quienes esta misma mañana tuve la oportunidad de hablar de este tema al hilo de…un ejercicio de helenismos, porque yo siempre afirmo que en mis clases se entremezclan” lo humano y lo divino”, y con quienes espero en breve realizar la visitar y comprobar su “sinceridad”.
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