| Via Sacra con la huella del surco de los carros (marzo 2011) |
Si hay una via que vertebra el Foro romano esa es, sin duda alguna, la Via Sacra; esta arteria principal es el escenario del poema de Horacio cuyo primer verso me sirve como extraordinaria excusa para iniciar la entrada de hoy: “Iba yo casualmente por la vía Sacra…” (Sermones 1.9). En este famosísimo poema el poeta, mientras camina casualmente por ella, absorto en sus pensamientos, es abordado por un individuo que pronto se muestra como un auténtico pelmazo, un pesado, cuya única intención al entrar en contacto con él es obtener algún beneficio de su amistad. En un intento de zafarse de este charlatán, pagado de sí mismo, adulador y maleducado, alega que con prisa se dirige al otro lado del Tíber, con el pretexto de visitar a un amigo enfermo; pero todo intento es eso, vano intento. El pelmazo, cuando llegan a la altura del Templo de Vesta, recuerda que tiene pendiente un juicio y solicita la asistencia del propio Horacio, quien, alegando su ignorancia en temas legales, se escabulle del asunto; sólo la presencia inesperada del adversario judicial del incómodo compañero de viaje librará a nuestro poeta de tal incordio, liberación que se atribuye a la intervención salvadora del propio dios Apolo.
Esta sátira narrativa, conocida con razón como la “sátira del pelmazo”, es una de las más conocidas y celebradas y, a la vez, es un exponente excepcional de que el género de la satira fue una creación genuinamente romana, como bien presumía Quintiliano allá por el s. I d. C. cuando afirmaba con orgullo Satura quidem tota nostra est, y es que las circunstancias de la sociedad romana ofrecían un campo abonado para la crítica, lo que llevó a exclamar al poeta Juvenal Difficile est saturam non scribere (Satira I, 30), es difícil no escribir sátira.
Y en esta, como en otra entrada anterior, aprovechando que el Tíber pasa a un palmo de aquí, aprovecharemos la oportunidad que nos brinda Horacio para pasear por la Via Sacra y descubrir alguno de sus lugares más emblemáticos; nuevamente nos encontramos en el corazón de la Urbs, en una calzada de conducía desde el Coliseo al Capitolio, discurriendo al pie del Palatino. Esta calle se convirtió en la vía en torno a la cual se articulaba la vida de los romanos, un abigarrado mundo en donde convergían la vida religiosa de los templos ( el de Vesta, el Antonino y Faustina,…) y las magníficas “basílicas”, como la Julia y la Emilia, lo que hoy llamaríamos “edificios de usos múltiples”, con funciones de mercado, transacciones financieras, negocios varios y administración de justicia.
Por esta vía discurrieron y fueron celebradas las grandes procesiones triunfales de los generales victoriosos que acudían al Capitolio para agradecer a Júpiter, Juno y Minerva, la “Tríada Capitolina” su benefactora intervención y, al mismo tiempo, a rendirles tributo. Con toda la pompa y circunstancia los generales romanos triumphatores exhibían públicamente como trofeo el botín obtenido: joyas, armas, esclavos, notables cautivos… símbolos del poderío militar romano y con un afán de humillación de los vencidos. No me resisto a recomendar el magnífico libro de Mary Beard, El triunfo romano: una historia de Roma a través de la celebración de sus victorias, edit. Crítica, donde se hace un interesantísimo y ameno estudio sobre el tema.
Para terminar no evitaré hacer una parada en uno de los lugares más interesantes de esta Via Sacra, hoy desaparecido y del que no queda ya más que un mero recuerdo: la Meta Sudans. Junto al Arco de Constantino y próximos al Coliseo, en lo que en tiempos fue el impresionante palacio de Nerón, se encuentran los apenas visibles restos de una fuente monumental, cuya forma cónica recordaba una meta de los circos romanos, de ahí su nombre; estas metae o metas eran unos pilares cónicos que remataban el muro o spina que dividía la arena en dos anchas calles por las que corrían las cuadrigas en el Circo romano (no hay más que recordar la inolvidable carrera de carros de la película Ben Hur). Esta fuente, probablemente construida por los Flavios, hacía resbalar el agua por sus lados como si sudase (sudans); su estratégica localización señalaba la intersección de cuatro distritos de la ciudad y es por ello que tuvo un papel muy destacado en relación a la Via Sacra.
En 1936 cuando en su política urbanizadora Mussolini en Roma acomete la construcción de la Via dei trionfi con el fin de crear una carretera que bordease el Coliseo, se llevó por delante los edificios antiguos que no consideraba importantes, entre ellos la Meta Sudans; hoy el viajero de mirada sagaz sólo podrá observar una base circular de piedra delante del Arco de Constantino desde el mirador de la galería superior del Coliseo como huella de lo que fue y ya no es, la Meta Sudans.
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| La Meta Sudans antes de su demolición |
Pasear por la Vía Sacra es un viaje por el tiempo, un recorrido real que exige buenas dosis de reconstrucción virtual; a mí ese paseo siempre me produce un placer inmenso, de reencuentro con el pasado; un poco más abajo del Arco de Tito crecen laureles, y aún un poco más allá unas hermosas glicinias con un letrero con referencias medievales, cuyos aromas disfruto rememorando el verso de Horacio Ibam forte Via Sacra…
| Las glicinias del Pórtico Medieval en la Via Sacra (marzo 2011) |

